Conclusiones del mes de abril: Derechos y pandemia

A largo del mes de abril en Mujeres frente a la pandemia reflexionamos sobre cómo la crisis provocada por el coronavirus ha impactado en los derechos de las mujeres poniendo especial énfasis en cuestiones tales como: su incidencia en la intensificación de las brechas de género, entre otros, en el ámbito laboral, su repercusión en la salud de las mujeres incluido el acceso a la información y a los servicios de salud sexual y reproductiva y su devastador efecto en el aumento de todo tipo de violencia contra las mujeres y las niñas.

Consulta las principales conclusiones a las que llegamos tras el debate: https://mujeresfrenteapandemia.com/conclusiones-del-mes-de-abril/

¡Abierto el debate del mes de julio: Rastreando respuestas feministas frente a la pandemia!

En este mes de julio, y partiendo de la ausencia de una perspectiva de género y del déficit de participación de las mujeres en las respuestas, en el Foro de Debate ‘Mujeres frente a la pandemia’ pretendemos encontrar y presentar algunas buenas prácticas que sirvan de guía en la situación de pandemia y postpandemia y que permitan una mejor gestión de crisis similares en el futuro. Así presentaremos desde estrategias de resistencia llevadas a cabo por colectivos de mujeres hasta lecciones aprendidas de otras situaciones similares (VIH) pasando por medidas políticas puestas en marcha en otros contextos nacionales y que reflejan una perspectiva feminista.

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¡Disponible la grabación del Webinario Mujeres situadas (II)!

En este webinario de ‘Mujeres Frente a la pandemia ‘celebrado el 28 de junio de 2021 abordamos el impacto de la pandemia en las mujeres mayores y niñas, en las mujeres LGTBI y en las mujeres migrantes y refugiadas con Isabel Martínez Lozano (Presidenta de HelpAge España), Leticia Ojeda (SOMOS), Catalina Perazzo Aragoneses (Directora de Sensibilización y Políticas de Infancia de Save The Children), Carmen Pérez González (Profesora de Derecho Internacional Público de la UC3M) y Ana Lite (Subdirectora Adjunta para el Emprendimiento, la Igualdad en la Empresa y la Negociación Colectiva, del Instituto de las Mujeres).

¡Disponible el 4º Episodio del podcast Mujeres frente a la pandemia!

Ya puedes acceder al episodio del podcast Mujeres frente a la pandemia correspondiente al debate del mes junio sobre Mujeres situadas II en el que abordamos el impacto de la pandemia en las mujeres migrantes y refugiadas.

En este 4º Episodio Carmen Pérez, Profesora de Derecho Internacional Público de la Universidad Carlos III de Madrid, entrevista a Ana Encinar Velayos, responsable territorial de Ávila de ACCEM.

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Las mayores y las niñas: mujeres invisibilizadas, también durante la pandemia

Por María del Carmen Barranco, Profesora Titular de Filosofía del Derecho de la UC3M y directora del IDHPB

Que la pandemia ha impactado desproporcionadamente sobre las mujeres es un hecho. Factores relacionados con nuestro rol social y la peor situación previa de partida -mayor precariedad laboral, mayor representación en empleos relacionados con actividades esenciales…-, nos han expuesto particularmente a los impactos negativos de la pandemia y de una gestión que ha incorporado escasamente a las mujeres y no siempre ha proyectado una mirada de género. Es también incontestable que la pandemia se ha cebado especialmente con algunas mujeres y, entre otros elementos, la edad ha jugado un papel fundamental en ello.

Si las personas comprometidas con los derechos humanos estamos alarmadas por cómo la respuesta a la pandemia se ha traducido muchas veces en graves vulneraciones para las personas mayores, para tener una imagen más clara de lo que está ocurriendo, no podemos desconsiderar el resultado de la interacción entre sexismo y edadismo. Un  edadismo, dicho sea de paso, que opera de forma diferente en relación con las mujeres mayores y con las niñas, pero que en todo caso ha tenido que ver con que la respuesta se haya construido sin tener suficientemente en cuenta su realidad.

Las mujeres, en tanto que mayores, se han visto desproporcionadamente perjudicadas por la crisis causada por el SARS-CoV-2, pero, en tanto que mujeres, arrastran los efectos del sexismo a lo largo de su vida (por ejemplo, la mayor precariedad laboral se traduce en altas tasas de pobreza entre las mujeres mayores). Además, edadismo y sexismo hacen que la imagen que de ellas tiene la sociedad justifique su mayor desventaja con respecto a los hombres mayores (los estereotipos de fragilidad e improductividad desde los que el edadismo representa a las personas mayores se ceban con las mujeres). Adicionalmente, en tanto que mujeres y en tanto que mayores ocupan espacios en los que ha sido mayor su exposición a la pandemia y a la discriminación basada en el sexo y en la edad, que la misma pandemia ha hecho patente y agravado.

La incidencia de la enfermedad y su letalidad en la residencias es sobradamente conocida, hasta el punto que el trato a las personas residentes está sometido a investigación, también en la residencias se ha vivido de forma agravada el aislamiento y se ha sentido especialmente la dificultad de acceder a los servicios sanitarios. Pues bien, recordemos que las mujeres son mayoría abrumadora entre las personas mayores institucionalizadas, con los datos disponibles de 2011 (el Censo de Población y viviendas de 2021 pretende abarcar a las personas residentes en establecimientos colectivos).

Asimismo, la foto de la dependencia en nuestro país es una foto de mujeres; a veces las mujeres mayores son las cuidadoras, y claramente las mujeres son en mayor medida solicitantes y usuarias de los servicios de dependencia. Si, en general, el impacto de la pandemia sobre las personas en situación de dependencia ha sido brutal, es fácil entender que cuantitativamente este impacto ha sido todavía más grave sobre las mujeres mayores.

Pero también lo ha sido cualitativamente, por su ya aludida mayor precariedad, porque de entrada se consideran menos felices y porque la brecha digital es mayor para las mujeres que para los hombres mayores, lo que ha contribuido a su mayor aislamiento y mayores dificultades para acceder a los servicios que todavía hoy se mantienen en buena medida con carácter on line (Un perfil de las personas mayores en España).

Son también en su mayoría mujeres mayores las personas que viven solas en España. Lo que ha supuesto otro factor de agravamiento del impacto de la pandemia sobre ellas. Pero algunas mujeres mayores que no viven solas han experimentado como el resto de las mujeres la mayor exposición a la violencia de género que se ha producido durante la pandemia. Por si fuera poco, las mujeres mayores son frecuentemente olvidadas cuando se trata de tomar decisiones, no solo porque se olvide su existencia, sino porque también se las excluye de los procesos.

En el caso de las niñas, cuya situación de nuevo el edadismo y el sexismo han contribuido a invisibilizar, el sufrimiento ocasionado por la pandemia también ha sido mayor. Las niñas, como mujeres, han estado expuestas a situaciones de violencia y abuso durante la pandemia. Por otro lado, la ralentización y suspensión de los programas relacionados con prácticas especialmente nocivas para las niñas como la mutilación genital y en algunos contextos los matrimonios precoces han implicado su desprotección. Conviene no olvidar, además, que la pandemia ha afectado a los servicios de salud sexual y reproductiva, a veces desconsiderando su carácter esencial y el impacto que esta suspensión podía tener sobre las adolescentes que han encontrado dificultades para acceder a métodos anticonceptivos, a la atención en relación con embarazos no deseados y la atención a su salud sexual y reproductiva en general.

En los contextos en los que la brecha educativa es mayor, se ha puesto en riesgo la educación de las niñas y se requieren intervenciones urgentes para garantizar su regreso a clases. En este contexto no siempre las niñas cuentan y no todas las niñas cuentan igual. Una vez más es fundamental poner el foco en sus derechos y darles voz en la respuesta.

¡Abierto el debate del mes de junio sobre Mujeres situadas (II)!

Al igual que en el mes de mayo, durante el mes de junio prestaremos atención a las situaciones concretas de algunos colectivos de mujeres que se han visto particularmente afectadas por la crisis provocada por la pandemia COVID-19.

Así, este mes pretendemos abordar la discriminación que se ha derivado de la falta de una perspectiva interseccional y el modo en el que se han vulnerado los derechos de las mujeres mayores y las niñas, de las mujeres migrantes y refugiadas, de las mujeres rurales y de las mujeres LGTBIQ+.

De nuevo, nos centraremos en colectivos de mujeres que han vivido situaciones de especial desprotección que han pasado en gran parte inadvertidas debido, entre otros factores, a su invisibilización y falta de reconocimiento como parte de la sociedad.

En Materiales, así como en nuestro perfil de Twitter @ForoDebateIDHPB, iremos subiendo noticias, informes, vídeos, iniciativas, estrategias…que consideramos relevantes para abordar las realidades de estos colectivos y que queremos ir nutriendo a medida que avancemos en el debate.

Os invitamos, a través de los diferentes canales de participación que hemos habilitado (comentarios en las distintas entradas del blog https://mujeresfrenteapandemia.com/blog/ , Twitter @ForoDebateIDHPB con la etiqueta #MujeresFrenteAPandemia y correo electrónico comunicacion@mujeresfrenteapandemia.com ) a compartir opiniones y materiales relacionados con este temática que consideréis importantes para estudiar y debatir.

Todas las cuestiones identificadas serán abordadas en el WEBINARIO que celebraremos el 28 de junio.

¡Únete al debate!

Podcast. Episodio 3. Mujeres situadas (I). El impacto de la pandemia en las mujeres gitanas.

En este tercer podcast de ‘Mujeres frente a la pandemia’ nos centramos en la realidad de las mujeres gitanas. Para ello hemos contado con la participación de María del Carmen Cortés, del Departamento de Igualdad y Lucha contra la Discriminación de Fundación Secretariado Gitano, y Pepi Fernández Camacho, técnica del Departamento de Inclusión Social de la misma organización.

Episodio 3. Mujeres situadas (I). El impacto de la pandemia en las mujeres gitanas.

¡Disponible el vídeo del Webinario ‘Mujeres situadas (I)’

Este webinario del Foro de Debate Mujeres frente a la pandemia, celebrado el pasado 24 de mayo, se ha centrado en analizar la discriminación que se ha derivado de la falta de una perspectiva interseccional y el modo en el que se han vulnerado los derechos de las mujeres y niñas con discapacidad, de las mujeres en situación de pobreza y exclusión social y de aquellas que están en situación de prostitución y trata.

Ponentes: Carmen Meneses Falcón (Profesora de Antropología y Métodos de investigación social en la Universidad P Comillas), Noelia de Pablo Torres (Responsable del Programa de Mujer, Prostitución y Trata de Cáritas Española), Isabel Caballero (Coodinadora de la Fundación CERMI Mujeres), Luisa González (Psicóloga y Coordinadora del Servico de Vida Independiente y Área de Mujer de Afanias) y Jesús Martín Blanco (Actual Director General de Discapacidad).

La desigualdad que nos sigue lesionando

Por Silvina Ribotta, Profesora de Filosofía del Derecho de la UC3M

Las pestes nunca han matado por igual.Los seres humanos no hemos enfermado ni muerto independientemente del lugar que ocupamos en la estructura social. Claramente hay personas y colectivos de personas que se encuentran, que nos encontramos, en mayor desventajada social, política, económica, jurídica, con menor acceso a las ventajas sociales y al desarrollo de las libertades, con menos posibilidades para el desarrollo de nuestros planes vitales y, en general, con menor calidad de vida.

Con la actual pandemia, se nos había hecho creer que su potencia letal radicaba en que afectaba a todos por igual. Diagnóstico que, aparte de equivocado, permite cuestionarnos si gozaría de menor rechazo y preocupación mundial si afectara a determinados colectivos o grupos humanos, a los vulnerables de siempre (como pasó y pasa con el VIH-SIDA). Esta pandemia que estamos viviendo, parece más grave porque esta vez las víctimas no son los de siempre, sino que también podemos ser víctimas lxs que solemos estar al margen de las tragedias mundiales. Asunciones que no sólo son moralmente cuestionables, sino que son falsas. Como recuerda Judith Butler, la COVID-19 ha demostrado que la comunidad humana es igualmente frágil, pero la desigualdad social y económica en la que vivimos asegurará que el virus discrimine (Sopa de Wuhan, Pensamiento contemporáneo en tiempo de pandemias, marzo 2020). Y esta situación de desigualdad homicida no es sólo particular al Covid 19 (Garret, Laurie, The coming plague: Newly Emerging Diseases in a World out of Balance, Picador, New York, 2020-1995).

En esta desigual oportunidad de lesionar y matar que tienen los virus, pestes y enfermedades que se vinculan de manera estrecha con quiénes las personas son y cuál es su lugar en la estructura social, los humanos nos aseguramos que el virus discrimine, y de manera eficaz, direccionada con una estructura sólida de violencia institucionalizada contra los humanos más vulnerabilizados, debido al entrecruzamiento fatal de capitalismo, heteropatriarcado, colonialismo, capacitismo, entre otras lesiones directas y transversales que impactan de manera grave en las posibilidades de vida.

Entre estos grupos, las mujeres son, causalmente, las más excluidas entre los excluidos, las más pobres entre las personas pobres, las más vulnerabilizadas entre lxs vulnerabilizados en todos los grupos y en todo el mundo, porque sufren los efectos perversos de la pandemia por su sexo-género, y como mujeres situadas y diversas, por formar parte de otros colectivos históricamente excluidos o en especial riesgo o en situación de mayor vulnerabilización, como migrantes o en situación de movilidad humana, personas mayores, niñas y adolescentes, personas con afecciones médicas preexistentes, personas privadas de libertad, pueblos indígenas, personas LGBTIQ+, afrodescendientes o pertenecientes a grupos étnicos o raciales discriminados, personas con discapacidad, personas en situación de calle, personas en situaciones de pobreza.

No hablamos de brechas ni de techos de cristal, sino de abismos de desigualdad y techos de hierro, que impiden de manera clara alcanzar la igualdad que se proclama desde la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948. Lo explican, entre muchos otros, el Informe del PNUD de 2020 United Nations, United Nations Development Programme, Human Development Report 2020. The next frontier: Human Development and the Anthropocene, NY, 2020 (http://hdr.undp.org/sites/default/files/hdr2020.pdf) y el Informe que elabora cada año el Foro Económico Mundial sobre la evolución de la brecha de género entre hombres y mujeres en todo el mundo, que señala que ningún país ha logrado la paridad de género total y que se tardarían más de 135 años para lograr la igualdad de género en el mundo, aumentando en relación al Informe anterior, específicamente porque las mujeres desarrollan los trabajos más precarios en los sectores que han sido de los más afectados por la pandemia (WORLD ECONOMIC FORUM, Global Gender Gap Report, Insight Report, Suiza, Marzo 2021).

Sin duda, la tan anhelada normalidad que hemos perdido, era también una normalidad de hambre, desesperación, necesidades básicas insatisfechas, enfermedades prevenibles que se transformaban en mortales, cotidianeidades de pobreza y exclusión, salud como negocio, criminalización y feminización de la pobreza, violencias estructurales y directas, guerras construidas para comerciar y explotar y diversas injusticias sociales para gran parte del mundo. Normalidades de exclusiones y discriminaciones lesivas y homicidas con impactos diferenciados e interseccionales en la calidad de vida y derechos humanos especialmente en las mujeres.

La mejor vacuna, el mejor tratamiento, la mejor medicina, como lo era antes de la pandemia y lo será todavía más acuciante ahora, exige genuina justicia social feminista.

Impacto de la pandemia en mujeres con discapacidad

Tal y como ya hemos ido señalando en los meses anteriores, la pandemia covid 19 ha puesto de relieve múltiples desigualdades de género ya existentes en nuestra sociedad.

Durante este mes de mayo, vamos a empezar a poner el foco en algunos colectivos donde esas desigualdades han sido si cabe aún más notorias. Uno de esos colectivos es el conformado por mujeres con discapacidad o diversidad funcional.

Tal y como denunciaba al inicio de la pandemia Catalina Devandas, respecto a la situación general de las personas con discapacidad, muchas de ellas sienten que han sido dejadas de lado o no tenidas en cuenta durante esta crisis, ya que “las medidas de contención, como el distanciamiento social y el aislamiento personal, pueden ser imposibles para quienes requieren apoyo para comer, vestirse o ducharse”. (https://news.un.org/es/story/2020/03/1471272).

Ese aislamiento y esa soledad es una forma de exclusión sufrida por las personas con discapacidad de manera exponencialmente superior al resto de la población. Esa “soledad forzosa” o, como dice Luis Cayo, “miseria relacional” se agrava cuando el factor género y edad entran en la ecuación. Así, podemos ver cómo ser mujer, con discapacidad y mayor, es un sumatorio de factores que hacen la situación sea más compleja. (https://galeriavideos.cermi.es/player.php?id=/videos/418130944)

En la actualidad, la mayoría de las personas con discapacidad institucionalizadas son mujeres. Ese dato, además, se incrementa a medida que se cumplen años, de manera que la soledad y sus efectos aumentan considerablemente en las mujeres de mayor edad (https://www.abc.es/familia/mayores/abci-pandemia-agrava-problema-soledad-personas-mayores-discapacidad-202011020130_noticia.html?ref=https:%2F%2).

Por otro lado, a esta soledad forzosa se le suma también el incremento de la violencia contra las mujeres con discapacidad. Esta realidad ha sido denunciada desde CERMI Mujeres que señala cómo, durante este año de pandemia, la violencia contra un colectivo que ya de por sí sufre violencia hasta en 8 de cada 10 casos, ha aumentado en “frecuencia, extensión y naturaleza”.

Igualmente, desde CERMI advierten de que el confinamiento que ya de por sí es un espacio “propicio” para la violencia machista, en el caso de las mujeres con discapacidad suma un factor específico como es la carencia de apoyos” con dificultades derivadas de la falta de suministros de diferentes servicios, o falta de ayudas en el seguimiento escolar de sus hijas e hijos, entre otros”. (https://www.europapress.es/epsocial/igualdad/noticia-cermi-senala-ocho-cada-diez-mujeres-discapacidad-sufren-violencia-situacion-agravo-covid-20210113141204.html)

Aislamiento, soledad no deseada, violencia y desamparo forman parte de la realidad que estas mujeres están afrontando de manera muchas veces invisibilizada y poco denunciada socialmente. Durante este mes, intentaremos reflexionar y arrojar luz sobre estos aspectos y otros que precisan de una respuesta por parte de todos los sectores y agentes potencialmente interpelados. Suceder ha sucedido, evitemos que siga sucediendo.